La dificultad de hablar con los demás

 

-          Hoy no paro de darle vueltas a una cosa Sara

-          ¿Qué cosa?

-          Es que no entendí algo que dijeron mis compañeros de clase, ellos se reían pero es que yo no entiendo por qué

-          Cuéntame ¿Qué pasó?

-          Pues estaban hablando de una chica de clase sobre que “menuda pinta tiene”. Y claro, no se a que se refieren en concreto.

-          ¿y qué hiciste?

-          Me fui solo a caminar por el patio, a pensar. Después llegué a casa y se lo conté a mi madre, pero tampoco la entendí. Ni entendí a mi padre. Él sólo me dijo “que lo dejase estar” pero una cosa no está aquí y no la puedo “dejar ni parar”, está en mi cabeza y no sale.

 

Este es un ejemplo real de un niño con TEA, dónde podemos comprobar las dificultades que presenta en cuanto a la comprensión de situaciones sociales y comunicativas, y, en este caso en particular, cómo una frase hecha, desencadena una dificultad en la relación y mantenimiento de una conversación con los demás.

Ya conocemos la gran relación entre el lenguaje y los Trastornos del Espectro Autista, sus peculiaridades de lenguaje, sus alteraciones y dificultades en fonología, semántica, y de pragmática y comunicación.

En fonología, podemos observar errores en la prosodia de su habla, en su tono de voz y ritmo. Suelen ser más monótonos al hablar y también al leer.

En cuanto al aspecto semántico, presentan dificultades en la comprensión de los conceptos temporales y espaciales -suele costarles aprender por ejemplo, los días de la semana-. Además, suelen tener dificultades de acceso al léxico, es decir, cuando quieren referirse a un concepto, no les sale, o dicen uno de la misma categoría pero no el adecuado en ese contexto. Estos errores perjudican la conversación con los demás, ésta se rompe, de forma que la comunicación se ve afectada también.

Por último, presentan dificultades pragmáticas y de comunicación. Presenta dificultades para la interpretación del lenguaje no verbal, para la comprensión de las emociones, en la adaptación de las diferentes formas de habla, en la regulación del contenido en una conversación –no son capaces de identificar qué es lo más importante, y por tanto, que deben priorizar al hablar- y en la comprensión de las normas sociales y los gestos convencionales.

¿Cómo debemos intervenir en el lenguaje?

Como ya hemos visto, las dificultades del lenguaje se encuentran alteradas y afectan además, a la globalidad de sus componentes. Por tanto, debemos observar al niño en su totalidad e individualidad, es decir, debemos conocer particularmente sus intereses, pero también debemos incluir en la intervención a la familia y escuela, puesto que forman parte indiscutible del desarrollo de la persona con TEA.

Cada persona es diferente, y cada persona con TEA también, por lo que no son ellos los que deben adaptarse a nosotros, somos nosotros los que debemos brindarles y ofrecerles las oportunidades de experimentar, de conocer y sorprenderse en un ambiente lo más natural posible para facilitar la generalización de los aprendizajes a su vida diaria.