¿Influye el estilo de disciplina que utilizan los padres en el comportamiento y síntomas de los niños con TDAH?

 

El estudio realizado por Colomer-Diago y colaboradores, en el que participaron 45 niños con un diagnóstico de TDAH, demostró que si que influye, y que el empleo de un estilo de disciplina disfuncional puede ocasionar problemas cognitivos y de conducta en la adolescencia.

El trastorno por déficit de atención no suele presentarse de manera aislada sino que, en muchos casos, lo niños tienen además otro tipo de trastornos como: los trastornos de aprendizaje, el trastorno depresivo, trastorno bipolar, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de Tourette y trastornos de conducta.

No obstante, la aparición de unos y no otros se debe a diferentes motivos. Por ejemplo, en la enfermedad de Tourette intervienen variables genéticas y en el caso del abuso de sustancias, son los propios síntomas del TDAH los que facilitan su aparición. Pero los factores ambientales también pueden ejercer un papel importante en la aparición de otras patologías, como por ejemplo, los estilos de disciplina.

En este estudio, los autores demostraron que el estilo de disciplina que utiliza la familia, (junto con la gravedad de los síntomas del trastorno) desempeña un papel importante en el comportamiento y en los síntomas de desatención. En concreto, el uso del estilo permisivo y autoritario predijeron conductas oposicionistas y este último, además, predijo un menor rendimiento cognitivo. Por otro lado, el uso de un estilo de disciplina funcional produjo un descenso de dichas conductas.

El estudio nos advierte de que el escaso control sobre los hijos (ceder a sus exigencias, reforzar un comportamiento inadecuado del niño), así como el exceso de castigos y amenazas, no sólo no son eficaces, sino que favorecen la aparición de otros problemas. La opción más adecuada es ejercer cierto control sobre el niño pero también proporcionar cierta autonomía (dar consejos pero que ellos tomen sus propias decisiones). Se trata de ser flexibles y de dar explicaciones cuando le pedimos o prohibimos algo en vez de gritar o mandar. Además, debemos dejar que los niños asuman pequeñas responsabilidades, aunque siempre acordes a su edad y en las que nosotros actuemos de guía, para fomentar su independencia.